La mezcla que dejó toda una historia de lucha por la liberación y la determinación como país, como identidad en lo humano y en lo espiritual, dejó mucho también en la cocina y en la sazón de sus sabores. No solo quedó las inmensas y bellas estructuras, que hoy adornan el suelo quiteño, como sus iglesias y sus edificaciones, puestos que los platillos unió esa mezcla y posterior unión.

Mucha de la gastronomía de Quito se asemejaba a la española, como los buñuelos y pristiños con el chorizo y la morcilla española; así como el caldo de pata al mandongo español, pero con la gran diferencia que estos patos se preparan con las bondades del suelo ecuatoriano.

Si visita el Centro Histórico, tiene la posibilidad de degustar riquísimos dulces tradicionales como las colaciones, higos con queso, maní enconfitado, ‘caca de perro’ (maíz tostado con panela), entre otros. Si lo que busca es algo de sal, allí también hallará sánduches de pernil, humitas o quimbolitos.

Si le apetece algo más contundente, en el Valle de los Chillos, El Tingo y Selva Alegre podrá probar hornado, caldo de gallina o cuy asado, típicos de aquellos sectores.

No importan sus preferencias, Quito lo complacerá con seguridad, pues es el lugar perfecto para salir «con barriga llena y corazón contento».