La baya dorada fue comida por los Chasquis, que fueron los mensajeros del imperio incaico. Estos mensajeros llevaban mensajes a una distancia de hasta 200 kilómetros en un solo día, y se comían las bayas doradas como sustento porque crecían de forma natural en la sierra ecuatoriana. Es una fruta maravillosa que aún no ha sido descubierta por el público en general. Realmente hay un potencial asombroso para este producto.

El nombre de baya dorada (Goldenberries) no solo se utiliza para distinguir entre las diferentes variedades, sino que también es una herramienta de marketing inteligente, para que los consumidores, en especial del exterior, no duden en probar los nuevos productos exóticos que entran en el mercado.

Actualmente, pequeños agricultores de las tierras altas ecuatorianas, logran producir alrededor de 15 a 20 toneladas de las bayas doradas a la semana con una producción durante todo el año, cuyo destino va a Europa y Eeeuu.

Las bayas de oro también contienen 24 mg de calcio, 220 mg de fósforo, 1.500 mg de potasio, así como antioxidantes, vitaminas A, B y C, zinc, fibra y hierro y pueden ayudar a regular los niveles de insulina de los diabéticos. Poseen, de igual manera, una mayor capacidad de antioxidante que las manzanas, las bayas de goji, el brócoli y el zumo de granada. También tienen calcio para fortalecer los huesos y más vitamina C que una naranja.

También son muy versátiles. Pueden añadirse al yogur, a los cereales o a los batidos de desayuno, pero también pueden comerse como tentempié o utilizarse en ensaladas, o incluso hacer salsas. También son un excelente acompañamiento para el queso, o para enriquecer guisos, sopas o platos de curry. Por último, también son muy apreciados en la industria gastronómica internacional por el sabor que dan a los postres.